MASONERÍA PREHISTÓRICA [De sus orígenes a 1641]
Entre las graves y tremendas obligaciones que asumimos en el seno del G:. Or:. Univ:. y a las cuales damos toda la importancia, se encuentra, la no menos fácil de fijar, una vez por todas, los orígenes de nuestra Institución, a fin de poner término a las leyendas fantásticas que no tienen ninguna base iniciática y abrir los ojos sobre ciertos documentos los cuales no hacen sino señalar la fundación de los primeros organismos administrativos, pues el espíritu masónico existe sobre la Tierra desde que hubo hombres de corazón recto, de inteligencia abierta y de conciencia pura.
En efecto, si admitimos la fecha tradicional de 1641 como el comienzo de las actividades masónicas en el mundo, equivaldría a decir que antes del siglo XVII no hubo nobles aspiraciones de virtud, de moral, de tolerancia y lo que sería más importante, no hubo INICIADOS. Eso es naturalmente inadmisible.
Si 1641 es la primera fecha de la que parte la historia de la masonería y que se haya podido encontrar escudriñando en archivos históricos, masónicos, eclesiásticos u otros, es necesario admitir que hubo un espíritu masónico anterior a esta fecha; por consiguiente, una Masonería prehistórica.
Esta masonería prehistórica algunos la hacen remontar hasta la época de Adán, lo que no está fuera de lugar como podríamos estar tentados a creerlo.
Expliquémonos:
La Iniciación prehistórica nos enseña que la unión de dos razas humanas (la raza de AD y la raza de AM) aun en el estado casi animal, dio nacimiento a la raza de AD-AM o Adán que fue la primera en poseer una conciencia y una inteligencia verdaderamente humanas, lo que equivale a decir que fue la primera raza que realizó el ideal masónico en cuanto al perfeccionamiento se refiere y a la superación del individuo.
Esto naturalmente es muy relativo y la Tradición Iniciática nos ofrece otros orígenes más aceptables o más ciertos.
Para eso es necesario que abramos un paréntesis a fin de hacer una incursión un poco más detallada en la Iniciación prehistórica.
En su origen, cuando el hombre salido apenas de la animalidad comenzó a realizar el mundo que le rodeaba, empleó un vocabulario primitivo que tomó de los gritos de los diferentes animales entre los cuales vivía: bisonte, elefante, cabra, etc. Estos onomatopéyicos que fueron la base del lenguaje humano son los siguientes: AG u OG, AD, AM, AN, AF, AW, AR, AB y AS. Una sola sílaba no tuvo origen en los gritos de los animales, fue la sílaba Al que degeneró más tarde en ÉL o HEL.
Esta palabra era sagrada para estos hombres, pues representaba para ellos la Divinidad. Así estos nueve gritos de animales con la sílaba HEL son el origen del lenguaje occidental y con inversiones y deformaciones particulares formaron las raíces de todas las lenguas de la humanidad.
Pues se sabe que en prehistoria la inversión silábica de las palabras occidentales indicaba siempre una orientación. La construcción, la fonética, de una palabra o de un nombre reemplazaba así en un abrir y cerrar de ojos toda una relación, toda una larga disertación sobre un objeto prehistórico, geográfico, sociológico, etc...
Estas diez sílabas madres no dieron sino nueve inversiones puesto que una sílaba AL, fue siempre conservada, respetada y aislada religiosamente por todos los lenguajes; jamás sufrió inversión. Las nueve inversiones fueron GA o GO, DA, MA, NA, FA, WA, RA, BA y SA.
Sin embargo, es necesario no confundir la inversión o desplazamiento de las sílabas de un nombre con la inversión particular de una sílaba. Esto es muy importante, pues la inversión o desplazamiento de las sílabas de un nombre no indica una orientalización, una disención, una desorganización o una guerra de separación entre dos puntos de alianza; en cambio la inversión de dos letras que componen una sola sílaba indica la separación, la discrepancia social, la guerra, la desunión entre dos centros, separatividad completa de la orientalización y por otra parte el abandono de las tradiciones occidentales.
Pongamos como ejemplo la palabra OG’HEL-AN o G’HEL-AN.
La referencia al nombre de AN-G’HEL de una porción de los G’HEL-AN emigrada hacia el Oriente, indica que esta porción abandona el hogar paterno por causas provocadas por cataclismos o por espíritu de conquista, pero no a consecuencia de una discrepancia social o de una guerra intestina. También el nombre ancestral, el nombre patronímico no fue transformado en la composición de sus sílabas; es el orden de las sílabas del nombre que fue solamente invertido. Los AN-G’HEL emigrando hacia el Oriente quedaron fieles a las tradiciones occidentales, al culto de HEL, a los recuerdos ancestrales.
Son ellos los que volvieron al Occidente bajo el nombre de Angle, Inglaterra (ingleses) con los centros AL-AM-AN-DA (alemanes), GO-RA-MA-NA (germanos), FRAN-G’HEL (francos), BUR-G’HEL-AN-DA (burgalés) etc... Son ellos quienes enrumbaron a los historiadores de la raza “gaelle”, cuando la hicieron nacer en el Oriente (teoría Ananké).
Este paréntesis es necesario para comprender lo que va a seguir sobre los orígenes de la Masonería y es guía preciosa igualmente para interpretar una parte de la Biblia.
En efecto, en apariencia, la Biblia aparece enteramente reservada a la historia de la asociación israelito-hebraica-judía, pero sus exégesis, es decir, el estudio de la interpretación de sus libros, de sus símbolos, de sus parábolas y aun de sus tótems, revela innegablemente una compilación de viejos recuerdos occidentales. El Génesis llamado también la creación del mundo, es una obra occidental conservada por los gaelle, y después por los celtas.
[3] La historia de la creación [del Génesis], que tomado al pie de la letra haría sonreír a cualquier escolar de nuestros días, oculta un profundo sentido simbólico que se descifra con claves. Estas claves se encuentran: 1º en el simbolismo egipcio; 2º en el de todas las religiones del antiguo ciclo; 3º en la síntesis de la doctrina de los INICIADOS, tal como resulta de la comparación de la enseñanza esotérica desde la India Védica hasta los Iniciados cristianos de los primeros siglos. Los sacerdotes egipcios, nos dice los autores griegos, tenían tres maneras de expresar su pensamiento. La primera era clara y simple, la segunda simbólica y figurada y la tercera sagrada y jeroglífica. La misma palabra tomaba según su conveniencia, un sentido propio, figurado o trascendente. En las antiguas ciencias teogónicas y cosmogónicas, los sacerdotes egipcios emplearon siempre la tercera forma. Sus jeroglíficos tenían entonces tres sentidos correspondientes y distintos, de los cuales los dos últimos no podían ser comprendidos sin clave. Esta manera de escribir enigmática y concentrada, se basaba sobre un dogma fundamental de la doctrina de Hermes, según la cual una misma ley rige el mundo natural, el mundo humano y el mundo divino. Este lenguaje, de una concisión prodigiosa, ininteligible para el profano, era de una singular elocuencia para el adepto, pues por medio de un solo signo evocaba los principios, las causas y los efectos que de la Divinidad irradian sobre la naturaleza. Gracias a este medio de expresión, el adepto abrazaba los tres mundos con una sola mirada. Es indudable que el Génesis fue escrito en jeroglíficos egipcios de tres sentidos. Después de la cautividad de Babilonia, en tiempo de Salomón, se tradujo el Génesis en caracteres fenicios, cuando Esdras lo redactó en caracteres arameos-caldeos; el sacerdocio judaico no manejaba sino imperfectamente dichas claves y por último vinieron los traductores griegos de la Biblia, que no tenían sino una débil idea del sentido esotérico de los textos. San Jerónimo a pesar de sus serias intenciones y de su gran espíritu, cuando hizo la traducción latina después del texto hebreo, no pudo penetrar hasta el sentido primitivo del texto y aun, si lo hubiese hecho, habría callado. Sin embargo, él tuvo noticia confusa de esto cuando declaró: “El más difícil y oscuro de los libros sagrados, el Génesis, contiene tantos secretos como palabras y cada palabra encubre muchos!...” Así, cuando leemos el Génesis en nuestra traducción actual no extraemos de él más que un sentido primario e inferior...
En la épocas edénicas, el Génesis (el árbol de la ciencia del bien y del mal) era una vasta enciclopedia de ciencias Iniciáticas occidentales. Extraviado y destruido muchas veces, fue reconstruido penosamente en fragmentos inciertos, por los celtas del Sur, los Sa.
Los cataclismos terrestres que sacudían al Occidente (hundimientos de la Atlántida, etc.), devastaron igualmente la sociedad occidental cuya mayor parte emigró hacia el Oriente llevando las ciencias del árbol que más tarde, cayeron en el empirismo, en la hechicería, la magia, las mitologías, etc, etc.
Todos los conocimientos caldeos, egipcios, hindúes, chinos, etc., eran restos de las ciencias occidentales que murieron a su vez con la extinción de sus importadores.
Algunos sacerdotes de los celtas del Sur habían podido conservar durante el curso de sus peregrinaciones en el Ta (el África), gran parte de las ciencias edénicas; pero los periodos diluvianos que los sorprendieron, la diseminaron muchas veces.
Unos de estos sacerdocios se propuso más obstinadamente que otros a reconstruir los sepultados documentos edénicos en las grutas situadas sobre las altas montañas para preservarlos de los hundimientos. Este sacerdocio llevaba el nombre de MA-HEL-SA.. MA-I-SA (HEL-I) MO-I-SA... MOISE (MA el agua). La palabra Moisés significa: la raza de los HEL-SA reunida durante las aguas (el diluvio). Es por esto que la leyenda concerniente a Moisés niño, le representa abandonado sobre las aguas por su madre y recogido por una princesa egipcia.
La leyenda del Monte Sinaí (SA-NA-HEL) es un recuerdo de las misiones mosaicas buscando documentos iniciáticos sobre los puntos culminantes escapados a las inundaciones.
Los MA-I-SA habían llegado a reconstruir algunos restos de las ciencias iniciáticas occidentales reunidas bajo el nombre de G’HEL-NA-SA... G’HE-NA-SA.. Génesis, es decir el libro de los celtas del Sur, los Sa, mezclas, mestizaje, con los NA (los negros). Pues los Sa, para escapar al dominio de los nuevos elementos africanos, agrupados en centros importantes después del diluvio, y para resistir a estos pueblos que eran hostiles al Occidente, debieron resignarse a contraer alianzas, maridajes, que los mestizaron en parte... salvo, no obstante, en sus sacerdocios.
Estas alianzas contraídas sobre todo con elementos hebreos (HEL-AB-RA) y egipcios, fueron el comienzo del debilitamiento de la sangre occidental de los Sa. Y llegó un día en que fueron amenazados de exterminio por sus propios mestizos que querían, a su vez, tomar el dominio de los grupos de Israel.
Para descubrir las tentativas de rebelión, para frustrar los espionajes, los sacerdocios MA-SA se constituyeron en pequeños grupos que se reunían clandestinamente.
Este fue el origen de las castas secretas MA-SA.
Los sacerdocios MA-SA habían conservado el culto de las tradiciones occidentales, el culto Hel, que enseñaba a los Hebreos. Es por esto que la gran divinidad hebraica lleva el nombre de HEL-AM... Elohim... es decir: el alma de Hel. Elohim era una invocación superior a Jehovah.
Los MA-SA, aunque reunidos a los hebreos, aborrecían el culto del tótem Serpiente y del tótem Becerro (la Serpiente de bronce, el Becerro de Oro). Su símbolo religioso era el Tau y su tótem estaba simbolizado por cuernos de toro de una parte y por un gavilán de la otra. Es por lo que aparece Moisés, en las imágenes hebraicas, con parte de su cabello arreglado en forma de dos cuernos.
Los MA-SA o HEL-SA, asociados en clanes misteriosos habían compuesto una serie de gestos convencionales, de palabras y signos conocidos sólo por ellos, a fin de reconocerse y de evitar las traiciones y las sorpresas de los falsos hermanos MA-SA.
La Serpiente, símbolo del Oriente, colgada en trofeo de odio sobre el triángulo del Norte de los grandes antepasados, al cual estaba unido el Tau, constituía el símbolo secreto, el símbolo de reconocimiento de las nuevas castas MA-SA, en su asociación misteriosa. Pero poco a poco los sacerdotes MA-SA fueron dispersados en Oriente y su símbolo no fue ya conocido sino por algunas castas demasiado impotentes para mantener la autoridad iniciática occidental del tiempo de Moisés.
Más tarde, grupos blancos perseguidos por los reyes asirios, intentaron restablecer el culto de los MA-SA y reconstruir sus fórmulas de iniciación secreta. Se reunieron bajo la dirección de un sacerdote que tomó el nombre epónimo de AR-AM, es decir la carne de los AR en IRAN. Pero los AR-AM... Iram, no conocían todas las tradiciones occidentales.
Uno de sus jefes, buscando la puerta del Norte (es decir las enseñanzas secretas de los Colegios del Norte u occidentales), fue asesinado en las puertas del Oriente por un falso hermano...
Más tarde, asociaciones blancas que regresaron en lentas inmigraciones de Asia al Occidente, y compuestas en su mayor parte del gremio profesional (obreros, carpinteros, tejedores, arquitectos, etc.) procuraron revivir la ciencia de los MA-SA y de los Irám en las épocas de tiranías cristianas. Pero los viejos símbolos del tiempo de los MA-SA y del tiempo de Iram no fueron comprendidos ya.
El triángulo del Norte (símbolo de las Pirámides para los primeros MA-SA), fue confundido con una escuadra por estas nuevas iniciaciones.
El Tau del Sur (la T) fue confundida con una regla metálica.
Y la Serpiente colgada como trofeo sobre el triángulo del Norte, fue confundida con un hilo de plomo!.
Después de estas nuevas asociaciones, todos estos atributos, cuyo origen y significación simbólica les eran desconocidos, no podían ser sino instrumentos relacionados con castas de arquitectos que formaban quizás potentes grupos políticos en tiempos antiguos.
Por lo demás la palabra masón indica por sí mismo la corrupción del término MA-SA.
Es así como la Serpiente de Oriente triunfante en su potencia, simbolizada por la serpiente que se mordía la cola, y cuyo círculo rompieron los sacerdocios mosaicos, se convierte en un benévolo hilo de plomo!.
Es así como el Tau, la antigua Tau de Horus, de Anubis y de Osiris, este Tau en hierro fundido rudo y tosco que servía en ocasiones para abatir a los espías y a los falsos hermanos que llegaban a introducirse en los templos secretos, se convirtió en un plácido martillo de tonelero!.
Y de confusión en confusión, de Serpiente en hilo de plomo, y de Tau en martillo de tonelero, es como generalmente se escribió la historia de todas las instituciones sociales, políticas y religiosas de la humanidad.
Si estos orígenes no son siempre de histórica autenticidad desde el ángulo profano, deberán sin embargo ser aceptados por los masones, pues sobre ellos reposa la Tradición Iniciática.
No obstante, por razones diversas parece que la época de Salomón (1.020 – 962 antes de J. C.) señala una fecha esencial en la evolución de nuestra institución.
En efecto, aun admitiendo que no hubo bajo Salomón construcción de Templo ni todo lo que se ha traído en la leyenda simbólica de nuestra Institución, la sola etimología del nombre Salomón revela para los Iniciados datos de gran importancia y suministra elementos inequívocos. Salomón es un epónimo que lo mismo que Eulises, Aquiles u Orfeo, no representa solamente un personaje sino también una casta, una secta, una raza o una época. Así el nombre de Salomón se compone de tres sílabas fundamentales: SOL-OM-ON.
De un lado tenemos la sílaba SOL que representa el sol, es decir el polo positivo, la ciencia, la objetividad, el Occidente y la columna J. De otro lado tenemos la sílaba MON que en todas las lenguas semíticas y sajonas significa la luna, por consiguiente el polo negativo, la religión, el misticismo, la subjetividad, el Oriente y la columna B.
Estas dos sílabas con su significado, su polaridad y su sitio en la palabra indican bien las dos corrientes de pensamiento que existen en el mundo y su indispensable presencia para servir de bases, de columnas y de soportes a la creación del Templo de elevación hacia Dios. Tal es el significado de la sílaba central: OM (AUM) el mantram de saludo a la divinidad.
El profundo e importante simbolismo del nombre de Salomón no podía ser pues impunemente abandonado; no estaría de más seguir insistiendo sobre su importancia.
La época de Salomón tenía las condiciones requeridas no solamente para la construcción de un Templo material, sino también y sobre todo para la elevación de un Santuario mucho más importante: el Templo de la Virtud y de la Sabiduría.
Así, aunque la Institución se remonta a la más excelsa antigüedad, y aun a la pre-historia, su primera manifestación conocida se hizo sentir en la época de Salomón, hijo de David, en la construcción del famoso templo de Jerusalén que fue confiada a un equipo de constructores-arquitectos que tomó el nombre epónimo de Iram.
Es necesario decir una vez por todas que Hiram o Iram, el personaje de que nos habla la Biblia no era sino un obrero, un maestro fundidor, por cierto "muy hábil en todos los trabajos de bronce" y sin duda a la cabeza de un equipo de orfebres, cerrajeros y herreros, pero no el "Gran Maestro" de quien nos habla la tradicional leyenda.
Volviendo a lo anterior, los sacerdotes del pueblo hebreo, instaurados en la época de MA-HEL-SA o Moisés, conservaron celosamente su pureza de sangre o su racismo blanco y occidental como se diría hoy; la prueba reside en el hecho de que el sacerdocio fue reservado a una sola casta: la tribu de Leví....
A la larga, para preservarse de la amenaza de extinción, ellos fueron obligados a constituirse en grupos secretos que por consiguiente dieron nacimiento a la Orden de los Esenios.
Esta Orden desempeño un papel preponderante en la Historia: es ella la que produjo a la masonería uno de sus más grandes maestros: Jesús, de quien volveremos a hablar más adelante.

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